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De avanzar reforma a la salud, 750 mil personas ingresarían a la pobreza: Anif


De ser aprobada el proyecto de reforma a la salud que actualmente cursa en el Congreso, el centro de pensamiento Anif, estima que el principal riesgo es que tal y como se aprobó en el primer debate del Congreso, es retroceder en los indicadores de pobreza con el que 750 mil personas ingresarían a esa condición.

En un detallado informe, la entidad señala que los CAPS como primer paso para acceder a la atención en salud, suponen una fragmentación del servicio, mayor número de trámites para los usuarios, lo que a la larga se traduce en sobrecostos de tiempo y dinero. Por otro lado, aumentar las responsabilidades de la ADRES y cambiar las de las EPS puede hacer que el flujo de recursos se vuelva insuficiente y la sostenibilidad financiera del sistema se vea aún más comprometida.

En este sentido, el hecho de no garantizar el aseguramiento podría poner en vilo la prestación de servicios de salud de millones de personas, en particular la situación de los más vulnerables. La pobreza monetaria a nivel nacional podría aumentar a 20.4 millones de personas (+750.000), mientras que las personas por debajo de la línea de indigencia alcanza- rían los 6.6 millones, es decir, sin aseguramiento, aumentaría la pobreza extrema en más de 500.000 personas.

Aseguramiento

Por otro lado, si se evalúa el índice de pobreza multidimensional (IPM) de 2022, en el escenario extremo en donde la totalidad de la población se queda sin aseguramiento, este indicador aumentaría 16.3 puntos, incluso por encima de 2020 cuando se situó en 18.1, año en donde la pandemia acentuó la pobreza y desigualdad.

De igual forma, si se asume que solo las personas que tienen planes voluntarios continúen aseguradas, el IPM se ubicaría en 27.4 puntos, recordando que tan solo el 10.7% de la población (4.7 millones de personas) actualmente tienen contratado algún tipo de plan voluntario.

“Con lo anterior, resaltamos una vez más la preocupación en torno al modelo de aseguramiento como lo conocemos ahora. Así las cosas, una transición desordenada puede significar presiones fiscales para el gobierno que son insostenibles en el corto y mediano plazo, sobre todo en un escenario macroeconómico como el que vive el país y el mundo ahora. Además, la reforma puede tener un impacto directo sobre el aseguramiento y el bolsillo de los usuarios”, señalan los investigadores.

Indica Anif, que el aumento en la cobertura, la disminución en el gasto de bolsillo, mejores resultados en atención y calidad son mejoras evidentes que se han logrado en las últimas décadas, y se han dado de la mano del aseguramiento. Estos mismos logros han posicionado a Colombia como uno de los países que tienen un sistema de salud destacable en determinantes sociales en salud, atención y calidad médica, talento humano, infraestructura, gobernanza, entre otros.

Insiste el informe que “llevar a cabo la reforma sin ningún tipo de organización y cambiando de cero el sistema como lo conocemos, podría retroceder los indicadores clave y poner en duda la calidad, oportunidad y costo de la prestación de los servicios. Esto al final puede terminar perjudicando a los más vulnerables, poniendo en riesgo el acceso efectivo y equitativo de la población”.

La cobertura

En un análisis detenido en las últimas décadas, los expertos dicen que desde la puesta en marcha del Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) la cobertura en aseguramiento pasó de 23.7% en 1993 a cobijar el más del 94% para 2022, y 99.1% para marzo de este año.

“Si se evalúa este esfuerzo internamente, vemos que este aumento en la afiliación se dio de forma paralela en los cinco quintiles de ingreso y tanto en el régimen contributivo como en el subsidiado, lo que muestra que se derribaron las barreras de ingreso que alguna vez existieron. De allí que incrementar la cobertura en la población está directamente relacionado con la disminución del gasto de bolsillo, pues las personas tienen que destinar una menor proporción de sus ingresos para cubrir servicios de salud”, explica Anif.

Frente a los niveles observados décadas atrás, en 2019 se ubicó en 14.9%, por debajo de la media de América Latina del 38.6% e incluso por debajo del promedio de la OCDE (19.2%). En cuanto a percepción, en 1997 la falta de dinero era la primera causa de no recibir o solicitar atención médica, pero en 2022 pasó a ocupar el cuarto lugar, pues la respuesta más repetida se trataba de un caso leve. Estos resultados dan cuenta que el sistema está volcado al bienestar de los usuarios.

En cuanto al acceso del servicio el indicador de consultas por prevención ha aumentado desde el año 1997, lo cual es muestra que el enfoque preventivo prevalece dentro de los afiliados, pero es necesario reforzar y promocionar.

Servicios

Con los datos del Estudio Nacional de Evaluación de los Servicios de las EPS del 2022 desarrollado por el Ministerio de Salud y Protección Social (MSPS), se tiene que el 90% de las personas afiliadas al sistema consideran que pueden acceder a servicios como hospitalizaciones, urgencias, consultas médicas, exámenes y terapias, esto sin mostrar brechas significativas entre ambos regímenes.

Ahora, en lo que respecta a la calidad, al considerar los reportes por fallas en la atención médica debido al funcionamiento del sistema o por falta de recursos, según la Encuesta de Calidad de Vida (ECV), se obtiene que los registros disminuyeron considerablemente desde 2003, cuando más del 42% de los usuarios aseguraban que habían tenido algún tipo de problema.

Para 2022 la cifra se redujo a 7 de cada 100 personas con inconformidades en la atención. Al evaluar la calidad por tipo de servicio prestado con los datos de La Gran Encuesta del Sistema de Salud en Colombia realizada por la ANDI e Invamer, el 88.5% de los encuestados han tenido atención buena o aceptable entre procedimientos como cirugías, exámenes médicos, hospitalización, consultas de medicina general, prescripción y entrega de medicamentos y urgencias, congruente con los resultados de la ECV.



Costos

Así las cosas, el sistema de salud pasó de tener una baja cobertura, alto gasto de bolsillo y bajos resultados en su desempeño, a ser un sistema con aseguramiento universal, con uno de los niveles más bajos de gasto de bolsillo en el mundo, y con un incremento notable en calidad y resultados en salud.

“Ha superado grandes pruebas como lo fue la pandemia por Covid-19 y ha demostrado una capacidad de adaptación y mejora continua para atender las necesidades de salud de los colombianos. Si bien los avances que se han tenido son evidentes, aún persisten problemáticas que son necesarias de resolver”, explica el estudio.

En ese sentido señala que “falta robustecer el talento humano, de la mano con el sector educativo para poder garantizar la suficiencia de trabajadores, además de menores tiempos de espera con especialistas. También continúa el reto de conseguir la sostenibilidad del sistema en un escenario de bono demográfico, con el aumento de expectativa de vida, lo que se traduce en mayores tasas de incidencia de enfermedades que se van adquiriendo con la edad, así como una persistente informalidad laboral. A esto se le suman las brechas del servicio en zonas alejadas frente a los centros urbanos que tienen mejores condiciones y menor dificultad de acceso”.

Colombia en el panorama internacional

El estudio de The Economist propone un marco basado en la cobertura universal y los determinantes sociales de la salud, y contiene tres módulos: salud en sociedad, inclusión del sistema de salud, y comunidad. De las 40 economías que se analizaron, el país se ubicó en la posición 22, al considerar la integración de las políticas en salud enfocadas en los determinantes sociales de la salud.

Por su parte, en la publicación de The Lancet, el país se situó en el puesto 23 por su dinámica frente al acceso y calidad médica, desagregando por grupos etarios, para verificar que el acceso se garantice en todas las etapas de la vida, y así se asegura que la calidad de la atención médica sea constante.

La capacidad de respuesta ante una pandemia o epidemia se estima por medio del GHS Index, a través de seis capítulos: Prevención en la aparición de patógenos; Detección temprana; Respuesta rápida y mitigación de la propagación; Capacidad nacional regulatoria y financiera; Riesgo general y vulnerabilidad a amenazas biológicas, y Robustecimiento del sector y de su talento humano. En esta clasificación, nuevamente se observa que Colombia está mucho mejor posicionado que demás países la región, al ocupar el puesto 38 en el mundo. Vale la pena resaltar que el país obtuvo el primer puesto en el indicador de Resistencia y calidad de los sistemas de laboratorio.


Fuente: El Nuevo Siglo